Caldo casero: trucos para hacerlo y conservarlo bien

Olla con caldo casero de pollo y verduras junto a tarros de cristal con caldo colado

 

El caldo casero es de esas preparaciones que parecen anticuadas hasta que se prueban una vez bien hechas, y entonces resulta difícil volver a conformarse con una pastilla de caldo industrial. Con huesos, carcasas, verduras y agua se consigue una base que transforma sopas, arroces, purés y guisos, y que además cuesta muy poco dinero comparada con cualquier alternativa comprada.

El problema habitual no es hacerlo, que es sencillo, sino encontrarle un hueco en la rutina y saber conservarlo bien para no acabar tirándolo. Con un poco de organización, un caldo casero puede durar meses en el congelador listo para usar en cualquier momento.

 

Qué necesitas y cómo organizarte antes de empezar.

Un buen caldo no requiere ingredientes caros ni una lista larga. Los huesos y carcasas de pollo, las verduras algo pochas que ya no lucen para una ensalada y las pieles o restos de verdura que normalmente se tiran son perfectos para esto. Cebolla, puerro, zanahoria y apio forman la base más habitual, aunque cada casa tiene su combinación preferida.

Antes de ponerte con ello conviene tener cerca una olla grande, un colador fino y recipientes para guardar el resultado. Es importante tener cada cosa a mano desde el principio, algo que depende directamente de cómo tengas montada la cocina el resto del año, porque un caldo que hierve varias horas no perdona interrupciones largas para buscar utensilios.

 

La cocción lenta es la que marca la diferencia.

El error más habitual al hacer caldo casero es tener prisa. Un buen caldo necesita fuego suave y tiempo: entre dos y cuatro horas si es de pollo o carne, algo menos si es de verduras o pescado. Hervir a fuego fuerte no acelera nada de verdad, solo enturbia el caldo y hace que quede menos limpio.

Durante la cocción va apareciendo una espuma grisácea en la superficie, sobre todo en los primeros minutos. Retirarla con una espumadera ayuda a que el resultado final quede más claro y con mejor sabor. No hace falta remover constantemente ni estar pendiente todo el rato, basta con vigilar de vez en cuando que el fuego siga bajo y que el agua cubra siempre los ingredientes.

 

Cómo enfriar el caldo sin arriesgar la seguridad alimentaria.

Una vez colado, el caldo tiene que enfriarse antes de meterlo en la nevera o el congelador, pero no puede quedarse horas a temperatura ambiente. Dejarlo templar sobre la encimera está bien durante un rato corto, pero el objetivo es bajar la temperatura lo antes posible, ya que entre los 5 y los 60 grados es cuando las bacterias se multiplican con más facilidad.

Un truco que acelera bastante el proceso es meter la olla dentro de un fregadero con agua fría y hielo, removiendo de vez en cuando para que el calor se reparta y no se quede concentrado en el centro. Son los mismos principios de cadena de frío que ya conviene aplicar al resto de la nevera, solo que aquí el volumen de líquido caliente hace que el enfriado sea más lento de lo que parece a simple vista.

 

Congelar en porciones para no desperdiciar nada.

El caldo casero se congela de maravilla, y hacerlo en porciones pequeñas es lo que realmente marca la diferencia en el día a día. Los tarros de cristal aptos para congelador, las bolsas herméticas planas o incluso las cubiteras para raciones muy pequeñas permiten sacar solo la cantidad que necesitas sin tener que descongelar todo el lote de golpe.

Si usas tarros de cristal, es importante dejar espacio libre en la parte superior, porque el caldo aumenta de volumen al congelarse y un tarro demasiado lleno puede llegar a romperse. Etiquetar cada recipiente con el contenido y la fecha evita sorpresas meses después, cuando ya no se recuerda si ese líquido congelado era caldo de pollo o de verduras.

 

Un básico ideal para adelantar trabajo en la cocina.

Tener siempre caldo casero disponible cambia por completo la forma de improvisar comidas entre semana. Un arroz, una crema de verduras o un guiso rápido mejoran mucho con caldo casero en lugar de agua, y no hace falta planificarlo con antelación si ya tienes reservas en el congelador.

Preparar una tanda grande un domingo y congelarla en porciones encaja perfectamente con la lógica de dejar cosas resueltas para entre semana, solo que en este caso el resultado no es un plato terminado sino un ingrediente base que sirve para muchas recetas distintas a lo largo del mes.

 

Cuánto dura y cómo saber si ya no está bien.

En la nevera, el caldo casero aguanta unos tres o cuatro días en un recipiente bien cerrado. En el congelador, la cifra sube hasta dos o tres meses sin perder demasiado sabor, siempre que el enfriado inicial se haya hecho correctamente y el recipiente sea hermético.

Un caldo en mal estado suele avisar: olor agrio o desagradable, textura viscosa o un color que se ha vuelto opaco o con tonos extraños son señales claras de que hay que desecharlo, sin necesidad de probarlo para confirmarlo. Ante la duda, siempre es mejor tirarlo que arriesgarse.

Preguntas frecuentes.

 

¿Se puede hacer caldo casero solo con restos y pieles de verdura?

Sí, guardar en una bolsa en el congelador las puntas de puerro, pieles de cebolla, troncos de brócoli o tallos de apio que normalmente se tiran es una forma estupenda de hacer caldo de verduras sin gastar nada extra, siempre que estén limpios y en buen estado.

 

¿Hay que salar el caldo mientras se cocina?

Lo habitual es salar poco o nada durante la cocción y ajustar la sal al final, o incluso al usarlo en la receta definitiva. Como el caldo se suele reducir o mezclar con otros ingredientes salados, es más fácil controlar el punto si se parte de una base poco salada.

 

¿Por qué mi caldo queda turbio en lugar de claro?

Casi siempre se debe a una cocción demasiado fuerte, que remueve las partículas de grasa y proteína en lugar de dejarlas subir a la superficie con calma. Bajar el fuego y retirar bien la espuma durante los primeros minutos suele resolver el problema en la siguiente tanda.

 

¿Se puede reutilizar el caldo varias veces con los mismos huesos?

Se puede hacer una segunda cocción con los mismos huesos añadiendo agua nueva, aunque el resultado será más suave en sabor que el primero. Muchas personas aprovechan esa segunda tanda para sopas ligeras o para cocer arroz y legumbres en lugar de usarla como caldo principal.

 

Tener caldo casero en el congelador es uno de esos pequeños hábitos que no se notan hasta que faltan: convierte una nevera con pocas ideas en una cena resuelta en veinte minutos. No hace falta hacerlo cada semana, basta con reservar una tarde de vez en cuando y dejar que el congelador haga el resto del trabajo.

 

⚠️ Aviso: Enfría siempre el caldo lo antes posible tras cocinarlo y nunca lo dejes más de dos horas a temperatura ambiente, ya que un enfriado lento favorece el crecimiento de bacterias. Si tienes dudas sobre su estado antes de consumirlo, deséchalo.